Desde que Mariano Rajoy se apoltronó en el Palacio de la Moncloa, como por ensalmo, en una suerte de alineamiento de todos los planetas, se han encadenado una serie de resoluciones jurídicas que barren a favor de los intereses del Partido Popular. ¿Se pueden catalogar de extrañas coincidencias o existe una mano negra que mece las togas de la magistratura?
La Fiscalía no recurrirá la sentencia de no culpabilidad de Francisco Camps en el caso de los trajes y sus “amiguitos del alma” y, a continuación, se conoce la investigación al juez que intruye la causa por los turbios negocios de Iñaki Urdangarín ante las filtraciones aparecidas en los medios de comunicación. En este último sumario hay más de un centenar de partes personadas, con lo que la posibilidad de fuga se multiplica exponencialmente. Aparte de echar un cable al yerno del Rey (y ya veremos si a la infanta Cristina), en este presunto lío de comisiones y facturas falsas de la Fundación Nóos también aparecen implicados Camps,Jaume Matas y otros ilustres peperos. Y me pregunto: ¿por qué apuntan al juez cuando hay tantos eventuales filtradores y en Andalucía hay una representante del Poder Judicial que alimenta a varios periódicos a través de una de las partes personadas con intereses electorales indisimulados? Dos varas de medir, claramente.
El último eslabón de esta deriva lo constituye la sentencia condenatoria de Baltasar Garzón abre la puerta a que los corruptos se escapen por la gatera. Se castiga al juez con argumentos discutibles y se da la posibilidad a que los indeseables de la trama Gürtel pueden plantear la nulidad de sus actuaciones y se escapen de rositas, como ya ocurrió con el caso Naseiro sobre presunta financiación ilegal del PP.
Estas tres decisiones contribuyen a obstaculizar el esclarecimiento del mayor escándalo de corrupción de la democracia. Demasiadas extrañas coincidencias.