Hemeroteca :: 22/02/2012
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Opinión
Última actualización 21/02/2012@21:26:09 GMT+1

Miguel Ángel Vázquez
Secretario de Comunicación del PSOE-A

La sociedad española ha dado muestras de una enorme madurez y templanza frente a la crisis que nos azota desde 2008. Hemos asumido la situación con entereza y altura de miras dada la gravedad del momento. Nuestro ejercicio de responsabilidad se puede calificar de mayúsculo. Lo que no pueden esperar nuestros actuales gobernantes es que la ciudadanía permanezca impasible mientras le recortan derechos, deterioran sus servicios públicos o se impone un nuevo marco de convivencia que acentúa el poder de los de siempre. Dentro de los límites del estado de derecho y desde el más elemental civismo, cabe todo tipo de protesta. Estamos en una democracia y el ordeno y mando sabe a rancio.

Junto estas letras después de la masiva respuesta ciudadana del domingo por la brutal reforma laboral impulsada por Rajoy y, sobre todo, tras la impresentable carga policial contra unos estudiantes que protestaban por los recortes en su instituto. Antes (con Zapatero) y ahora (con Rajoy) el pueblo tiene derecho a alzar su voz y movilizarse en defensa de sus derechos. La mala gestión de su ejecutivo autonómico, del PP para más señas, los tienen sin calefacción. ¿O es que hemos vuelto a los tiempos en que Fraga defendía en que la calle es nuestra? La derecha embriagada de éxito ha ridiculizado la masiva protesta contra la reforma laboral y ha recurrido a la violencia desaforada contra unos estudiantes que manifestaban su descontento pacíficamente.

Si resulta desproporcionada la violencia aplicada contra los jóvenes, mucho más estridentes y reprobables son las palabras del jefe superior de la Policía de Valencia. Calificar de enemigos a los ciudadanos nos retrotrae a la época de los grises y de la brigada político-social. Las fuerzas de seguridad del estado están al servicio de la población y no son extensiones de ningún poder ni de ninguna ideología. No se puede hablar de simple metedura de pata ni de un desliz. Al mando policial le ha traicionado el subconsciente y le han aflorado sus sentimientos retrógrados más profundos. Un cargo policial con esos esquemas mentales no tiene hueco en un estado democrático. No tendría que tardar un minuto el ministro de Interior en proceder a su relevo y, de camino, destituir a la delegada del Gobierno en esa comunidad como responsable política del desaguisado.

Llevan dos meses y han vuelto los métodos de antaño, la seguridad de la cachiporra. La derecha se siente cómoda con la represión, disfruta con la imposición y repudia el diálogo. ¿Qué diferencia entre la brutal respuesta de Valencia y el tratamiento hace unos meses de las concentraciones del 15-M? Ya pedían mano dura entonces la caverna mediática y los sectores más reaccionarios. Y no sólo ha sido el episodio de Valencia, también se han cargado las tintas contra trabajadores municipales de Jerez o contra representantes del 15-M en la Universidad de Cádiz. Señor Rajoy, no son tiempos de represión, ni de destrucción del estado del bienestar, ni hacer recaer todo el peso de esta maldita crisis sobre la espalda de trabajadores y pensionistas. Es la hora de crear empleo y oportunidades para la gente. ¿Es el Palacio de la Moncloa una campana neumática donde se olvidan las promesas? Si se defrauda, la ciudadanía reacciona. Así son las reglas de este juego. Antes… y ahora.

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