No pienses en un corrupto

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Alfonso José Blanco Ruiz


Experto en Comunicación y Marketing Político


@yoteasesoro


La pasada semana fue de esas que dejan huella. Los daños colaterales que puede sufrir el partido que sustenta al Gobierno de Mariano Rajoy, a raíz de los llamados casos Bárcenas, Gurtel, tarjetas opacas, caja b y financiación ilegal parecen no tener fin. Los actuales dirigentes populares llevaban tiempo amagando sin pegar. Varios miembros de su ejecutiva nacional enviaban a Rato mensajes, a través de los medios de comunicación, bajo la vieja herramienta de las "fuentes próximas". Hemos podido leer en periódicos, o escuchar en tertulias, afirmaciones del tipo "fuentes próximas al PP piden que se expulse a Rodrigo Rato", mientras el ex vicepresidente, usando el mismo procedimiento, respondía utilizando a sus periodistas afines con comentarios que afirmaban que "fuentes del entorno de Rodrigo Rato confirman que no abandonará el Partido Popular".


El chorreo corrupto-mediático (llamarlo goteo se podría quedar pequeño) comienza con la petición de suspensión de militancia del histórico ex vicepresidente del Gobierno, el artífice del llamado "milagro español". El histórico militante popular cedía a la presión mediática y abandonaba la organización política que se lo había dado todo (y si no se lo daba, él ya se habría encargado de cogerlo). El martes el protagonismo fue para Ángel Acebes. El ex portavoz de la teoría de la relación ETA-atentados del 11M, ex polimultiministro (fue ministro del Interior 2002-2004, Justicia 2000-2002 y Administraciones Públicas 1999-2000) y ex secretario general del PP en la época en que Rajoy ya era su presidente, era imputado por el juez Ruz a raíz de la investigación de los papeles de Bárcenas y el pago en b de la reforma de la sede de la calle Génova (por cierto, el juez ya no utiliza la expresión "presuntamente" para referirse al pago en b de esta reforma). El viernes se sumó a este carrusel corruptivo de noticias e imputaciones el ex alcalde de Toledo, José Manuel Molina, y el viernes acabábamos la semana con la noticia de que Blesa ingresaba en sus cuentas personales los pagos por asistir a otros consejos de dirección como representante de Caja Madrid..


Cuando todo parecía que no podía ir a peor, el lunes de esta semana nos desayunamos con la detención de 51 personas, entre los que encontramos dos alcaldes de Madrid, el presidente de la Diputación de León, Marcos Martínez Barazón (que sustituyó a la asesinada Isabel Carrasco) y Francisco Granados. Granados ha sido secretario general del PP de Madrid, senador y consejero de Justicia e Interior, Transportes y de Presidencia. Todo esto se engloba dentro de la operación Púnica, que investiga delitos de falsificación de documentos, malversación de caudales, blanqueo de dinero, revelación de secretos, delitos fiscales, cohecho, tráfico de influencias, prevaricación, negociaciones prohibidas a funcionarios, fraudes contra la administración y organización criminal.


En el libro No pienses en un elefante, su autor nos cuenta cómo el partido conservador estadounidense lleva invertidos miles de billones de dólares, desde los años 70, en think tanks donde se realizan investigaciones y encuentros dedicados a estudiar la mejor forma de estructurar, comunicar sus ideas y de destruir las posibilidades de su adversario. En España la clase política está por encima de estas cosas. Aquí no necesitan de nadie que investigue en esta materia, ni los políticos necesitan formación a la hora de saber qué, cómo y dónde transmitir los mensajes. La táctica que ha emprendido el Partido Popular es bien simple. Juega a echar balones fuera basados en 2 técnicas. Por un lado; silencio. Si no los verbaliza, no existen. De ahí que Bárcenas y Rato hayan pasado de ser "un hombre honorable", y "el mejor ministro económico que ha tenido España" a no ser designados por su nombre en las escasas ocasiones que los periodistas tienen la oportunidad de preguntar al respecto. Para que nos hagamos una idea, Rajoy hace lo mismo que el niño chico que cuando juega a esconderse se tapa la cara con las manos y piensa que nadie le ve. Y como segunda técnica hay que relacionar la corrupción como una actuación de otra época del pasado. La corrupción es una herencia del aznarismo. Esta segunda opción estaría bien argumentada salvo porque a alguien se le ha pasado que, durante la época de Aznar, su vicesecretario general era Mariano Rajoy, además de ministro de Administraciones Públicas (1996-1990), Educación y Cultura (1999-2000), Presidencia (2000-2001), Interior (2001-2002), vicepresidente primero (2000- 2003). Y ese tal Acebes, que también está imputado, además de secretario general en el PP, siendo Mariano presidente de los populares, fue su jefe de campaña durante las elecciones de 2004 y 2008.


Ahora está de moda que los políticos utilicen, cada dos minutos, la palabra "transparencia". Todo pretenden arreglarlo diciendo ser los más transparentes porque van a publicar las declaraciones de la renta y bienes de todos sus miembros (de sobra es sabido que todos los defraudadores que se precien lo primero que hacen después de cometer un delito es declarar lo sustraido ante la primera administración tributaria que se encuentre, y por eso Hacienda le devolvió a Bárcenas 21.976 € en el ejercicio 2002-2003). La ley de la transparencia nos dice que la ciudadanía tiene derecho a saber qué se hace con sus impuestos, qué decisiones se toman y por qué. Todo lo público debe ser transparente. La transparencia es un derecho ciudadano y un deber de las administraciones. Esta Ley tiene un marcado carácter transversal e implica un cambio de actitud y una nueva forma de relación entre la Administración y la ciudadanía. En esencia la ley de transparencia es una ley de comunicación en cuya redacción final, que se publicó en el boletín oficial, aparece el término "publicar" en 21 ocasiones, la palabra "publicidad" 48 veces, y 203 aparece "información".


No pienses en un elefante es un libro de combate dialéctico que sintetiza décadas de trabajo y discusión en el ámbito de la lingüística cognitiva que suelo regalar a personas a las que aprecio (cuestión aparte es que se lo lean). En sus primeras páginas nos narra algo tan obvio como que si le pides a una persona que no piense en un abogado, automáticamente en su cerebro se le vendrá la imagen de alguien sentado en un juicio defendiendo a un acusado, del mismo modo que si le pides que no piense en un equipo de fútbol su mente le llevará a ver en su subconsciente al equipo de sus amores. Imaginen ahora que alguien les dice que no piensen en un "testigo protegido". Es más que probable que a su mente vengan imágenes de personas que necesiten de protección policial porque alguna asociación criminal ha puesto precio a su cabeza. Tan convencido estoy de que Alaya se ha leído el libro, como que se lo sabe de memoria.


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