Dos presos aceptan cuatro años y nueve meses de cárcel por secuestrar a un funcionario en Morón

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El juicio no ha llegado a celebrarse después de que los dos acusados, identificados como Sergio G.B. y Daniel R.A., hayan aceptado la condena.


Dos presos peligrosos han aceptado este martes sendas condenas a cuatro años y nueve meses de cárcel por secuestrar en marzo de 2011 a un educador de la prisión de Morón de la Frontera (Sevilla), a quien retuvieron durante más de dos horas utilizando armas punzantes de fabricación casera, si bien el incidente fue resuelto sin heridos al deponer los internos su actitud y entregar sus rudimentarias armas.


Fuentes del caso han informado a Europa Press de que el juicio, previsto para este martes en la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Sevilla, no ha llegado a celebrarse después de que los dos acusados, identificados como Sergio G.B. y Daniel R.A., hayan aceptado que se les imponga una condena de cuatro años y nueve meses de prisión.


Según las fuentes consultadas por Europa Press, los dos presos acusados, con antecedentes por otros intentos de secuestro, ya no se encuentran internos en Morón de la Frontera, sino que están cumpliendo distintas penas en cárceles de Galicia y Madrid.


Los hechos tuvieron lugar sobre las 11,15 horas del 15 de marzo de 2011 en el módulo de aislamiento, cuando estos dos presos incluidos en el Fichero de Internos de Especial Seguimiento (FIES) se abalanzaron sobre el educador cuando este ya se marchaba y lo amenazaron con sendas armas punzantes elaboradas de forma casera con fragmentos de chapa o de una lata.


Inmediatamente, los funcionarios aislaron por completo la estancia en la que los dos reos retenían al funcionario en cuestión, tras lo cual el propio director de la cárcel se desplazó hasta el lugar de los hechos para buscar una salida a la situación. Los presos ya contaban con "pequeños incidentes a sus espaldas" y reclamaron desde heroína hasta acceso directo con los medios de comunicación social.


Se entabló entonces una negociación en la que, pasado un tiempo, los reos "dieron por perdido" su intento de rebelión, reduciendo sus reivindicaciones a contactar con sus familias o incluso la pareja de uno de ellos. La dirección del centro penitenciario permitió que ambos contactasen, vía llamada telefónica, con las personas que deseaban, tras lo cual los presos depusieron su alzamiento y entregaron sus rudimentarias armas.


Tal y como marcan los protocolos de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias para este tipo de casos, ambos reos fueron transferidos a otras cárceles.


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