El riesgo moral o el timo del ciudadano desinformado

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Salva Díaz


Economista @SalvaDV


La información es poder y los políticos, dirigentes y demás líderes son conscientes de esta irrefutable verdad, pero cuando la información es asimétrica, ¿qué puede hacer el ciudadano para no ser engañado?

Constantemente se hace referencia a la información asimétrica en el argot económico, pero también se usa en teoría política, y en planteamientos democráticos, con el votante como principal y con el político como agente contratado para que lleve a cabo una actividad que en este caso sería la representación de la sociedad como cargo público elegido en las urnas


La mayoría de las veces, por no decir siempre, la ciudadanía se ve indefensa cuando el político de turno, de todos los colores, le promete un programa electoral que luego no cumple. No hay consecuencias, no hay penalizaciones; los programas, desgraciadamente, no son vinculantes ni hay derecho revocatorio a la elección de un político que incumple su compromiso con la sociedad. De hecho, no hace falta remontarnos a tiempos muy pasados, basta con echar un vistazo a la actitud del presidente Mariano Rajoy con respecto a su programa. Dijo que no subiría los impuestos, y los sube; dijo que con él se acabaría el paro y hay más paro; dijo que recortaría en todo menos en salud y educación, y es precisamente donde recorta. Pero claro, "todo era verdad salvo algunas cosas", ¿o era al revés la frase? Posiblemente cuando se habla de Bárcenas sea al revés la frase.


Pues bien, este problema de información asimétrica es un claro ejemplo de señalización en la que el agente, en este caso el político, envía señales al principal que somos los votantes. Señales que gran parte de la sociedad no distinguió por estar decepcionados con el partido socialista, y con razón. Pero me pregunto si el voto de castigo fue la única razón por la que la gente no percibió que el programa del señor Rajoy no se sostenía ni era factible.


Puede haber quien piense que Rajoy y el Partido Popular no sabían que había tanto déficit presupuestario y que por eso tuvieron que subir los impuestos pese a haberse fotografiado firmando que no subirían el IVA. En este caso, tendríamos un claro problema de riesgo moral pues es imposible verificar la información que tenía Mariano Rajoy antes de presentarse como el salvador de la crisis, el creador del empleo perdido, y firmar el contrato como nuevo presidente tras ganar las elecciones. Creando así una sensación de impunidad que se refleja en la inexistencia de consecuencias.


Pero, si se pudiese demostrar que realmente conocía la cantidad de déficit que había tras echarle la culpa a las comunidades autónomas, por cierto, gobernadas mayoritariamente por los populares, el panorama cambiaría hacia un problema de selección adversa ya que esto indicaría que el agente (Rajoy) tendría información privada antes del contrato (elecciones) que el principal (votante) desconocería. Lo cual explicaría por qué tras haber hecho una oposición férrea y dura al PSOE, pactó de manera exprés, sin consenso con el resto de formaciones políticas del Congreso de los Diputados y a altas horas de una noche de verano. Primando así los intereses personales y no sociales ni colectivos en las decisiones. Estrategia lo llaman algunos, falta de ética lo llamo yo.


Está claro que mientras el ciudadano no tenga la capacidad legal y real de controlar a los políticos y pedirles que rindan cuentas como representantes nuestros que son, no podremos avanzar hacia una sociedad más justa ni democratizar este sistema incompleto en el que la información es el cuarto poder. Un cuarto poder que tampoco está separado de los otros tres como podemos apreciar en los medios de comunicación cada vez más panfletarios y propagandísticos. #SeamosÉTICOS.


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