Cuando se confunden unos datos macroeconómicos con el interés general

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Juan Ramón Troncoso Pardo


Exalcalde de San Juan de Aznalfarache


A este gobierno le debe doler la boca de decir que defiende el interés general de los españoles, que los inteeses de España están por encima de los partidistas, etc. ¿Es esto cierto? ¿O por el contrario, este gobierno está defendiendo por encima de todo los intereses del capitalismo financiero, que es quien realmente impone los criterios a los gobiernos actuales, defraudando de paso las expectativas de la ciudadanía en un sistema democrático capaz de resolver sus problemas de una forma eficaz? Este es precisamente uno de los efectos más perniciosos que está consiguiendo esta nueva mutación del sistema capitalista, debilitar y empobrecer, la calidad de nuestro sistema democrático.

Dice el gobierno, por ejemplo, en relación con el paro y el empleo que ha sido necesario el esfuerzo realizado para que España entre en el sendero del crecimiento. Esta frase nos lleva al menos a plantearnos dos preguntas, la primera qué es España para el gobierno, y la segunda, para que crezca quién. Porque el sacrificio de los millones de perosnas que padecen el desempleo, los jóvenes que ven como la mitad de ellos no tienen ninguna expectativa de encontrar un empleo digno a pesar de seer la generación mejor preparada de nuestra historia, los cientos de miles de personas que solo fuera de nuestras fronteras encuentran esta posibilidad, hasta el momento solo ha servido para que las rentas del capital superen a las del trabajo y al aumento de las desigualdades sociales, en beneficio claro está, de los que ya eran ricos para aumentar su riqueza.


Hoy, desgraciadamente vemos como los nuevos contratos, o peor aún, como los trabajadores activos, ven sus salarios reducidos de forma drástica, hasta el punto de que los últimos estudios muestran como hay personas en peligro de exclusión social que no son parados, sino activos con contratos que podríamos denominar de


En los últimos días, tras el parto de la burra que ha significado la designación de Arias Cañete como candidato a las europeas, están bombardeando en los medios de comunicación con los brotes verdes, el cambio de ciclo económico y otras frases eufóricas tendentes a que la entrada en las elecciones del 25 de Mayo nos encontremos ante una realidad endulzada. Toca de nuevo vender expectativas de unos mejores tiempos, de aparcar los temas que puedan hacernos ver la cruda realidad para después de las elecciones.


Lo cierto es que el paro está bajando, no como consecuencia de que se esté creando empleo neto, sino porque está bajando la población activa en consecuencia con el aumento de la emigración. Es evidente, o debiera serlo también para el gobierno, que si baja la población activa, el desempleo también lo hace, como consecuencia de que el dato de desempleo es un porcentaje en relación con la propia población activa. Respecto de la calidad de los nuevos contratos ya me he referido en Lejos estamos del debate sobre el cambio de nuestro sistema productivo. De nuevo es el turismo y las expectativas generadas, una vez más por el ladrillo, los elementos centrales de la mejora de nuestra economía. Esto unido, es cierto, a la mayor capacidad de nuestras empresas para exportar sus productos.


Se impone pues que comencemos a llamar las cosas por su nombre y no admitamos que nos vendan que España está mejor porque mejore alguna cifra macroeconómica, porque a menudo esa cifra mejora los resultados de las grandes fortunas, de los grandes bancos, pero a costa del empobrecimiento de muchos. Ni que nos afirmen que crecemos cuando lo que crece son las rentas del capital a costa de la disminución de las rentas del trabajo.


Apostemos por la participación en las elecciones europeas, por supuesto, pero no desde una optica de engañabobos, maquillando la realidad. Hagámoslo desde el convencimiento de que entre todos podemos hacer que las cosas cambien en Europa y lo hagan a favor de verdad de los intereses de la mayoría. Y el mejor camino es que cada ciudadano, cada ciudadana, le exija a la opción política que elija, programas y compromisos claros en la defensa de sus intereses, y que los partidos se comprometan a ejercer la representación de los mismos con el convencimiento de que está firmando un contrato que hay que cumplir.


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