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¿Es conveniente celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente?

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Francisco Carrascal


Concejal del Ayuntamiento de Camas


¿Es conveniente celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente? Celebrarlo puede tener sus ventajas en cuanto puede servir para concienciar y sensibilizar. No celebrarlo, sin embargo, ayudaría a impedir que se banalice algo tan esencial para nuestra supervivencia como es el preservar el equilibrio natural en el Planeta. Con independencia de ambos extremos, cada vez queda menos tiempo para celebraciones, tanto en lo individual como en lo colectivo, en lo personal como en lo institucional.


El medio ambiente es la base de todo. La situación ambiental global, con algunas excepciones, es tan preocupante que solo quedan escasas razones para el optimismo. La crisis ambiental es la crisis con mayúsculas, más importante que cualquier otra crisis, más que la económica, más que la de valores. De ella no se podrá salir, de las otras crisis hay retorno, fácil o dificultoso. Pueden ser superadas, la Historia nos lo demuestra.


No deberíamos olvidar que no existen fábricas para generar masivamente aire ni agua de calidad a un coste que se pueda asumir, no se puede imitar al Sol, no se pueden fabricar tormentas ni repartir el viento o la lluvia, no podemos darle a un interruptor y fabricar un bosque, ni construir un ecosistema marino o un río, no podemos sustituir de manera eficaz a las abejas en su afán de polinizar y proporcionarnos alimentos, no podemos fabricar carne ni pescado de manera sustentable sin degradar otros ecosistemas. No podemos, en suma, jugar a Naturaleza, aunque queramos engañarnos, aunque sepamos que somos parte de ella.


Como sociedad, no estamos tan lejos de la creencia del niño que piensa que los comestibles aparecen como por arte de magia en los estantes de los supermercados, embalados incluso. La leche no mana del tetrabrick, los huevos no nacen del cartón, el atún no creció en la lata. ¿Parece obvio, verdad?, pues en realidad no lo es tanto, nos comportamos como si no lo fuera.


La crisis socio-ambiental se concreta de manera principal en los siguientes frentes: una atmósfera desequilibrada por exceso de gases de efecto invernadero, ríos y océanos degradados, índices alarmantes de la calidad del aire en las ciudades, descensos notables de la biodiversidad local y global, imparable desajuste en el reparto de la riqueza material.
Ha desaparecido, casi por completo, la cooperación internacional con lo que tiene que ver con el Cambio Climático y sus consecuencias. La implicación ambiental por parte de los principales contaminadores del mundo no es hoy noticia. Se siguen emitiendo demasiados gases de efecto invernadero y la atmósfera no puede más. Estamos inmersos en episodios cada día mas evidentes de un sistema atmosférico desmadrado, alocado, que nos marca con insistencia que hemos elegido mal como Civilización. Son incontables los resultados y estudios que apuntan de manera clara en este sentido: el Planeta se calienta y lo hace de manera irreversible. A finales de este año se hará público el nuevo informe del IPCC (Panel Intergubernamental para el Cambio Climático). Este compendio de ciencia no dejará dudas del camino que hemos tomado de manera global y unidireccional. Hemos preferido esconder la cabeza bajo el agujero y emular al avestruz.


Las señales de alarma están encendidas y no reaccionamos. Estamos empeñados en un paradigma energético alejado de los principios más elementales de sustentabilidad. Las próximas iniciativas de búsqueda de gases mediante la técnica de la fracturación hidraúlica (fracking) pretenden traernos a nuestro país modificaciones escandalosas de las normas jurídicas ambientales. Como excusa, el canto de sirena de la dudosa generación de algunos empleos, como migajas de los poderosos. Y esto no hace mas que corroborar que preferimos seguir anclados a un modelo del pasado: buscar gas caro en las entrañas de la Tierra (literalmente machacándola) para vender gas caro a muchos, poner en riesgo de contaminación a todos y para beneficio de unos pocos. ¡Vaya esto suena a algo conocido!: es la historia de las extracciones del gas convencional, del petróleo, del carbón, del uso de la energía nuclear, y del empleo de la mayor parte de la energía hidroeléctrica. Sin embargo, por estas tierras somos ricos, riquísimos en viento y sol, tenemos la salida al alcance de la nariz, pero preferimos plegarnos al pasado, a lo obsoleto y viejo, a lo sin salida. Petróleo y carbón, fuentes de energía basadas en el carbono, son el espejismo y el suicidio energético.


Si miramos a los ríos, mejor no mirar. Como sociedad seguimos viendo a nuestros ríos como cloacas a cielo abierto, colectores de nuestros desperdicios. Lejos de ser considerados como los auténticos vertebradores del territorio. Parece demostrado que un ambiente con ríos vivos es un ambiente sano, un ambiente con ríos muertos es un territorio sin futuro. Al mismo tiempo que ellos mueren, se pierden inmensas cantidades de suelo fértil en todos los continentes. Los océanos se acidifican y contaminan de manera paulatina y la sobrepesca hace estragos en la mayor parte de los caladeros del mundo. El mar muere y sólo le queda darle paso al discurso de los poetas.


Si atendemos a la calidad del aire de nuestras ciudades también saltan las alarmas. Y de ello nos advierte la Organización Mundial de la Salud, pues la considera causa directa de muerte de dos millones de personas en el mundo al año, el mismo número de muertos que dejó la Segunda Guerra Mundial a Japón.


La biodiversidad decrece aproximándonos a una nueva extinción masiva. Y con esta pérdida quedamos huérfanos de una riqueza sin igual que solo valoraremos cuando ya no exista. Se pierden miles de especies que conforman de manera silenciosa un entramado esencial para entender nuestra pervivencia como especie y como civilización. Animales, plantas, bacterias y hongos que no suelen gozar de la espectacularidad de lo ofrecido por los documentales de vida salvaje de la 2. Sin embargo, su importancia es capital para la estabilidad local y global de los sistemas naturales. Y a todos, nos da igual.


Cada día que pasa el reparto de la riqueza material entre los habitantes del Planeta está mas desajustada, la esencia de la crisis social. La pobreza hace mella en los países en vías de desarrollo y avanza de manera inexorable en las clases medias y bajas de los denominados países desarrollados. Esta tendencia seguirá tensionando al mundo. Un mundo que ya está interconectado de verdad con ese regalo que se llama INTERNET. Que responde de manera sensible en un determinado lugar cuando los problemas surgen a miles de kilómetros de distancia. Ejemplos notables como el de la primavera árabe nos lo ha demostrado.


Con el tiempo suficiente el Planeta se adaptará a estos cambios que le estamos infringiendo, pero nosotros como civilización no podremos.


Así que, puede que celebrar el Día del Medio Ambiente no sea tan buena idea. Desde luego no lo es si sólo sirve para tranquilizar conciencias individuales y colectivas. Sin menoscabo de que haya que reconocer, como se apuntaba al principio del artículo, en lo útil que pueda ser para poner en la mesa de los debates lo ambiental en su imbricación con lo social en un maridaje necesario. Sobre ese maridaje estamos obligados a intervenir desde instancias como la europea y desde los ámbitos nacionales, regionales y locales; sin olvidar de manera fundamental el nivel personal de reflexión y acción. Sin duda alguna, los ciudadanos y consumidores estamos llamados a tener la última palabra.


Y es que para seguir así nos falta Planeta y nos sobran irresponsables maneras. Puede resultar de interés conmemorar, sin embargo es imprescindible actuar. ¿Decidimos empezar ya?


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