El año que vivimos peligrosamente juntos

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Algunos pensaban, y decían públicamente, que se iba a acabar el mundo el día que Syriza ganase en Grecia, que Bárcenas dijese que tiene grabado a la cúpula popular (ahora en el Gobierno) o que la Junta de Andalucía saltaría por los aires si IU era expulsada del Gobierno autonómico. Es el “todo pasa, todo queda” que nos cantó Serrat. Así que ya es hora de abrocharse los cinturones para un viaje anual con 4 escalas frente a las urnas; autonómicas andaluzas en marzo, municipales y autonómicas en mayo, autonómicas catalanas en septiembre y las elecciones generales, previsiblemente, en noviembre.


Si ya muchos afirmábamos que se vive en una campaña electoral permanente, en el año 2015 será complicado poder separar de forma nítida un debate municipal con uno regional o nacional (sirva como primer ejemplo el ataque de Rajoy, en calidad de presidente del PP nacional, a la presidenta de Andalucía). Una campaña electoral no es sólo una campaña publicitaria; es una campaña política que sin duda se pierde con una mala comunicación, pero sólo se gana haciendo política. Estudios hay para todos los gustos. Los hay que afirman que en los 15 días de campaña se mueve a menos de un 20% del electorado, mientras otros aseguran que hacen decantarse a cerca de un 30% de indecisos.


Cada elección es diferente, y por tanto un mismo método no suele servir para dos comicios que se dan en distintos periodos. Siempre existen nuevas y distintas situaciones, aunque también hay momentos y frases que serán titulares de noticias en los medios de comunicación, como por ejemplo: “la lista la integran una mezcla de juventud y experiencia”. Da igual el partido político, la frase será esa. Es normal, porque después de dos meses centrados en los problemas que realmente preocupan a los ciudadanos (de sobra es conocido que el primer puesto en la preocupación de los ciudadanos lo ocupan las peleas internas por colocar o quitar de determinados puestos a amig@s/enemig@s/compañer@s). En el trasfondo de este tipo de mensajes, que de forma repetitiva y cansina se publicarán en los medios de comunicación durante los próximos días, se encuentra el tratar a las personas (votantes) como robots, a los que todos los años les damos las mismas coordenadas obviando su materia humana con sus respectivos sentimientos básicos de tristeza, felicidad, sorpresa, desprecio, asco etc., que llevados a la sociología de los votantes se resumen en dos: ilusión versus miedo.


Las elecciones tienen tres frentes de confrontación; la disputa por la presencia en los medios de información, la guerra por la posición publicitaria y, por último, la de los mítines y presencia en la calle. Y para llegar con opciones de victoria a estas batallas, lo primero es aprovisionarse con las herramientas que nos proporcionan los datos fijos de los resultados electorales anteriores, conocer las promesas que se hicieron hace cuatro años y controlar la relación del candidato con el electorado.


¿Que hay personas que se cansarán por tener que ir durante este año varias veces a depositar su voto en una urna? ¿Alguien ha preguntado si no es cansino que la excepción sea encontrar un día a la semana donde no retransmitan un partido de liga, champion, UEFA, Europa League, copa del Rey, mundialito de clubes, mundial o Europacopa de selecciones.? Pues eso. Los hay que son mucho más de Ana Pastor que de Sara Carbonero y, a riesgo de parecer bichos raros, no les preocupa dónde jugará Ronaldo la próxima temporada pero les aterra imaginar a ciertas personas decidiendo cuánto les retendrán en la nómina durante los próximos cuatro años. Sí, lo sé. Son una especie en extinción.

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