V - Los Visitantes

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c2_219_1Alfonso José Blanco Ruiz

Experto en Comunicación y Marketing Político

@yoteasesoro


Era el debate, a priori, más cómodo para el presidente del Gobierno. Después de días, meses, trimestres, semestres y años de desaceleración, recortes, eliminación de derechos, congelaciones de pensiones, disminuciones de salarios, destrucción de empleo y cierre de empresas, Rajoy había conseguido que el pasado mes de enero Pedro Sánchez, en una conferencia en el Cercle d'Economia, reconociese la recuperación de la economía y llegase a compartir los datos que preveía el Gobierno de un crecimiento del 2% del PIB para este 2015. Reconozco que tenía interés por conocer cómo enfocaría el líder de la oposición un debate sobre el estado de la nación cuando apenas 15 días antes compartía los datos de crecimiento para el país. Aún es complicado saber si tiene repercusión electoral la pérdida de compostura de Rajoy, pero si de algo sirven estos debates es para construir un personaje, sobre todo en el caso de Sánchez, está forjándose una imagen.

Cuando hay una opinión generalizada de que los debates son aburridos, es simple y llanamente porque carecen del interés de lo que realmente preocupa a los ciudadanos. Salvo en contadas ocasiones, los discursos que no sirven para pagar los recibos de la luz o los libros escolares de los hijos son vistos como peleas de machos alfas alejados de la realidad social de un país que viene de sufrir los mayores recortes en prestaciones de la España constitucional. Centrado en un análisis cuantitativo, los datos no dejan lugar a dudas. El último debate de esta legislatura consiguió una irrelevante cuota de pantalla del 2,1%. El enfrentamiento dialéctico del debate del estado de la nación de 2011, que enfrentó a Rajoy y Zapatero, y que fue el último de aquella legislatura, lo vieron 561.000 espectadores, lejos de los 275.000 que este martes pudimos contemplar cómo Rajoy, por primera vez en mucho tiempo, perdía la compostura de hombre de Estado y se enfrascaba en la réplica en un enfrentamiento con descalificaciones personales, en vez de políticas, con el líder de la oposición. Insisto, 275.000 espectadores que están a años luz, cuantitativa y cualitativamente, de los 2,2 millones de espectadores que vieron en 1995 el último debate sobre el estado de la nación entre Felipe González y José María Aznar o, sin ir más lejos, los 4.269.000 (22,2% de cuota de pantalla) que vieron el lunes la entrevista que Pedro Piqueras le hizo al líder de Podemos y que se convirtió en la entrevista más vista a un político en televisión desde 2004 -sólo superada por la entrevista que ese año hizo Juan Pedro Valentín a Aznar con 5.719.000 espectadores y un share del 31,5%-.

No hace mucho más de 30 días que el Partido Popular emitía siete vídeos dentro de la campaña “aún queda mucho por hacer” en los que veíamos a un presidente popular conversar de forma relajada con su secretaria general Dolores de Cospedal y los vicesecretarios generales Carlos Floriano, Gonzalez Pons y Javier Arenas. Arenas: “tenemos que ser conscientes de una cosa, cuando una familia lo está pasando mal y no tiene empleo el nivel de exigencia hacia el responsable político se incrementa espectacularmente”, Rajoy mostraba proximidad con los españoles afirmando que “seguro que el PP se había equivocado mil veces”, mientras Cospedal hacía una reflexión en voz alta; “igual pensamos que estamos cerca de la gente y la gente nos ve mucho más lejos, tenemos que ser más cercanos”. Hay quienes opinan que cuando Rajoy le dijo a Pedro Sánchez en el debate del estado de la nación que no volviese por allí a decir o hacer nada, el presidente perdió las formas, los papeles y el debate al dar la sensación, por primera vez en muchos años, de no tener el control de la situación. Floriano decía en el vídeo de los líderes del PP que quizás “les había faltado darle un poco de piel” a la hora de contar las cosas. Frente a quienes ahora critican y quieren condenar al PP porque el presidente del Gobierno, escudado tras la amplísima mayoría absoluta que posee en el Congreso de los Diputados, le pida al líder de la oposición que no aparezca más por el hemiciclo donde reside la soberanía nacional, yo digo, reitero y mantengo que el PP ha ganado mucho a la hora de respetar al conjunto de la ciudadanía. Lo del debate de la nación de 2015 es mucho mejor, con mucho más tacto y mucha más “piel” que cuando en 2012, en el mismo instante que el presidente Mariano Rajoy anunciaba un recorte en las prestaciones por desempleo, desde la bancada de los populares se gritó; “¡que se jodan!”. Está claro que a la hora de tener piel no les gana nadie, sólo les faltan convertir la sede de la calle Génova -esa que parte ha sido pagada con dinero b- en un OVNI que permanezca inmóvil suspendido sobre el cielo de Madrid y en vez de tener colgado en la pared un cuadro con la imagen de Don Manuel Fraga como presidente fundador, colocar un póster- extraído de las páginas centrales de la revista Superpop- de una joven Diana.

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