Cambiar para que nada cambie

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La admonición del fin del bipartidismo en España, me suena cada vez más desagradable, cuando la pronuncian unos, que en realidad lo que buscan es instaurar el monopartidismo, como es el caso de Podemos y de la nueva derecha como es Ciudadanos.


Unos y otros coinciden en la absurda proclamación de no tener ideología ninguna, cuando dicen “No somos de derechas ni de izquierdas”, estrategia a las que algunos entendidos atribuyen a la intención de pescar votos en cualquier caladero, pero que a mí me parece forma parte de su pensamiento íntimo neoliberal puro el de unos, y trotskista el de los otros.


Los que hemos vivido unos cuantos años, y estamos al quite de lo que en el mundo acontece, rápidamente asociamos el discurso de Ciudadanos, al de aquellos ministros españoles, (algunos de ellos apellidados López y con el genérico de tecnócratas), que en la época de los años 50 del pasado siglo XX, desplazaron al fascismo puro y duro de Falange Española, para intentar, sin conseguirlo, lavar la cara a una feroz dictadura que en lo social mejoró bien poco. También, nos despertó la memoria, los discursos de Pablo Iglesias, Errejon, Monedero y compañía, en referencia más o menos velada al concepto de “Revolución Permanente” y la palpable confraternización con el anarquismo, inspirador sin lugar a duda del movimiento denominado 15 M, del que Podemos se declara ineludible consecuencia. Sin embargo hay un factor en el discurso de Podemos, que se aparta de la esencia doctrinaria de León Trotsky, como es las referencias al patriotismo, que Pablo Iglesias está usando estos últimos días en su discurso, cuando la clave del pensamiento del líder ruso, era su internacionalismo por encima de todo.


Quiero hacer notar la coincidencia entre Podemos y Ciudadanos, en la cuestión nacionalista que inspira a decir verdad una buena parte del ideario de cada uno, no con el fin de emular a ambas formaciones, que bien claro está no son comparables, si no por el hecho, que un concepto tan anacrónico como es el nacionalismo, sigue presente en estos que se llenan la boca propagando la necesidad de un giro radical en los conceptos hasta ahora vigentes; aún cuando de momento, no veamos banderas españolas en las manifestaciones de Podemos, y Ciudadanos hablen de España como un Estado Plurinacional, con la boca pequeña, la realidad es que el nacionalismo, sigue presente en los decursos donde se hace referencia al patriotismo español, tanto por parte de Pablo Iglesias, como por parte de Albert Rivera.


El nacionalismo, desde su invención en el siglo XVIII, ha sido la forma de organización social que ha favorecido los intereses del capitalismo, por cuanto ha permitido a unos países competir con otros, para ganancia de unos pocos espabilados, que no perdían la ocasión de llenarse los bolsillos con ello; y está es para mí razón fundamental, para que cualquier gran cambio que se pretenda, se pueda materializar con esperanza de éxito, debe anteponer por encima de todo la superación de este anacrónico concepto.


Por todo ello, ante el panorama que se nos presenta a los españoles, este año, 2015 donde deberemos decidir, varias veces mediante las urnas, diversas escalas de gobiernos en nuestro país, autonomías, municipios, y gobierno central, veo necesario reflexionar muy mucho sobre lo que se nos plantea, para teniendo especial cuidado en no caer en el planteamiento de Lampedusa de“cambiar todo para que nada cambie” cuestión que ni nuestro país ni la UE, se pueden ya permitir, sin terminar entrando en un conflicto de incalculables proporciones.


El error de los españoles, hace casi cuatro años, de pensar que castigando a la socialdemocracia que los decepcionó, cuando salió la primera gran dificultad, se solucionaba votando a la derecha más retrograda de Europa, nos ha costado bien caro y no debemos ahora de ninguna de las maneras de reincidir en ello, aunque sea con otras formas. Debemos meditar bien nuestro voto antes de meterlo en la urna y dejar de votar con el corazón, para hacerlo con la cabeza bien fría después de analizar en profundidad las propuestas de uno y otro, para optar por el que nos ofrezca mejores perspectivas de futuro. Otro error en la elección resultaría nefasto, para nosotros y buena parte de nuestros descendientes.

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