“Gibraltar, español”; la canción del verano que no compuso Georgie Dann

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Alfonso José Ruiz Blanco

Experto en Comunicación y Marketing Político

@yoteasesoro


El pasado 1 de julio entró en vigor la Ley de Transparencia en Andalucía y ya sólo queda que a partir de enero los ayuntamientos andaluces cumplan la normativa autonómica. De esta forma ya se habrá cerrado el círculo, pues desde el Gobierno central hasta el Gobierno local habrán de ser transparentes. En mayo del pasado año, un equipo de investigación de la Universidad de Málaga publicó un proyecto llamado “Comunicación y periodismo para la participación ciudadana en el seguimiento y la evaluación de la gestión de los gobiernos locales”, que pretendía dar a conocer el nivel de transparencia de las webs de los ayuntamientos andaluces. 


Llevo tiempo pregonando en el desierto que la transparencia ha de ser algo mucho más importante que una Ley; ha de ser una cultura, una filosofía o un sello de dignidad y/o distinción. De nada sirve que se produzca un desembolso económico y de personal para rellenar una tabla en la que se cumple escrupolosamente lo que recoge la ley sobre transparencia y conozcamos el cv, los emails de todos y cada uno de los miembros de parlamentos, congresos o ayuntamientos, así como las actas de las sesiones plenarias, mientras tenga que ser un medio de comunicación, concretamente “El Mundo”, el que informe a los ciudadanos de que el ministro del Interior se reunió en el despacho oficial con el otrora todopoderoso, y hoy multisospechoso, Rodrigo Rato. 


Sólo una cosa me ha sorprendido más que el hecho de que el ministro recibiera al ex vicepresidente del Gobierno en la época de José María Aznar, y esa cosa han sido las no explicaciones que se han dado después de que se conociese esta reunión. En el momento que escribo estas líneas nada ha dicho el ministro Jorge Fernández Díaz sobre este encuentro y que ya ha dado pie a que se produzca la petición de la dimisión del ministro por parte de la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC).


No me quiero poner en la piel del policía que le plantó la mano en el cogote a Rato para meterlo en el coche cuando fue retenido o detenido durante las cerca de siete horas el pasado mes de abril mientras registraban su casa y su despacho en la capital de España. En abril lo detienen y hoy hemos conocido que en mayo era recibido por el ministro del Interior (el acojone del policía sólo tiene que ser equiparable al que tendría el agente de la movilidad de Madrid que multó a Esperanza Aguirre por el estacionamiento en doble fila cuando se enteró que la lideresa del PP madrileño se presentaba como candidata a la alcaldía y, por consiguiente, podría terminar siendo su jefa). 


Y lo peor puede estar por llegar. Después de un silencio alargado todo lo que se diga corre el peligro de sonar a coartadas más que a simples explicaciones. ¿Quién llamó a quién? ¿Por qué se reunieron en el Ministerio? ¿Se reunió el ministro con el ex vicepresidente siguiendo órdenes de Rajoy? ¿Se atrevió Fernández Díaz a reunirse con Rato sin el conocimiento del presidente? Y puestos a dudar; ¿hizo Wert la reforma educativa a espaldas de Mariano? ¿La reforma de la ley del aborto que intentó Gallardón fue sin el consentimiento del máximo responsable del Gobierno? ¿Alguien me puede asegurar que del teléfono de Rajoy no ha salido un sms a su ministro diciéndole: “Jorge Fernández, aguanta. Sé fuerte. Estamos en agosto y ahora mismo desvío la atención volviendo a remover el conflicto con el Peñón”? ¿Os acordais cómo empezaba la famosa canción de Georgie Dann “Me encantan los chorizos parrilleros.....”? Pues eso.

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